Hay momentos del año que invitan a mirar atrás con más calma. Diciembre es uno de ellos. Desde Artesanía de La Rioja, no queremos cerrar el calendario sin detenernos a recordar a quienes han formado parte esencial de nuestra comunidad artesanal y que, aunque ya no estén, siguen presentes a través de su trabajo, su saber y su legado.
Este es el caso de Honorio Colino Blanco, guarnicionero y artesano honorario, fallecido el pasado mes de julio.
Hablar de Honorio es hablar de una vida entera dedicada al oficio del cuero, a la guarnicionería tradicional y a una manera de trabajar que hoy resulta cada vez más escasa. Durante décadas, su nombre estuvo ligado a piezas sólidas, funcionales y honestas: arreos, correajes, fundas, cinchas y otros elementos vinculados al mundo rural y ecuestre, elaborados con precisión, conocimiento del material y respeto absoluto por el uso al que estaban destinados.
Su taller fue durante años un espacio de trabajo y aprendizaje, donde el cuero se cortaba, se cosía y se remachaba con la tranquilidad de quien domina su oficio. No había lugar para lo superfluo: cada puntada tenía un sentido, cada refuerzo una razón. En un tiempo en el que muchos objetos nacen para ser reemplazados, Honorio trabajaba para que sus piezas acompañaran a sus dueños durante años.
El reconocimiento como Artesano Honorario de La Rioja llegó como reflejo de una trayectoria extensa y coherente. Esta distinción no responde a una actividad puntual, sino a toda una vida de dedicación, experiencia y transmisión del saber artesanal. En su caso, supuso el reconocimiento institucional a un oficio bien ejercido, a una manera de entender el trabajo y a un compromiso silencioso con la artesanía tradicional.
Su nombre, hoy, queda ligado a la memoria colectiva de un oficio que necesita ser recordado y valorado, especialmente cuando quienes lo sostuvieron con sus manos ya no están.
Desde Artesanía de La Rioja, este texto quiere ser un gesto de respeto y recuerdo. Porque la artesanía no son solo piezas u objetos: son las personas que las hicieron posibles. Y el trabajo de Honorio Colino Blanco sigue siendo parte de esa historia que merece ser contada.


